mdelgado 23 Abril, 2008

Él ya había examinado esta posibilidad algunas veces, cuando la imaginación vuela a miles de lugares en el trayecto, bien conocido, de su casa al trabajo.
Sin embargo, hoy la posibilidad se ha convertido en hecho. Y más concretamente, está ocurriendo en este mismo instante. El ardiente escozor en una mejilla, y toda la sangre del cuerpo acumulada allí mismo le sacan de sus pensamientos súbitamente.
Madre mía, qué rapidez - piensa, quizá de modo algo estúpido. Árbitro, esto es amonestación por contacto excesivo - piensa a continuación, de manera claramente estúpida.
Así es. Le ha pasado. Ya lo había visto alguna vez, desde la comodidad del espectador. Dichoso escalón. No me jodas, hay que tener mala suerte - piensa a continuación. Una punzada le recuerda que en todas aquellas ocasiones, nunca ha dado con una excusa mínimamente convincente. “Perdón, me he tropezado” es la más obvia. ¿Funcionará?
Levanta la vista. No es que vaya a servir de mucho, pero habrá que ver a qué se enfrenta.
¿Pero tú de qué vas, salido de mierda? - por si algún viajero aún no se había enterado, las noticias de las tres en punto llegan con buen volumen.
Todo está en su contra. A pesar de eso, junta los labios para comenzar con su excusa. Pero espera. Todo puede ser un poco más difícil. ¿El chico de su lado? venga ya - se sorprende de lo rápido que puede llegar a pensar a veces.
Que sí, este tío, que me ha tocado el culo - realmente dicho así, la chica incluso tiene razón, piensa. Estúpidamente de nuevo, así es.
¿A que te metoooooooooo? - es todo tan típico, la frase, la entonación, que le parece estar dentro de una película. La escalera avanza ajena a voces y pensamientos. Realmente desde el peldaño inferior, la cosa no le pinta nada bien. Aunque estuvieran en llano, este tipo le saca una cabeza.
¿Pero de qué le va a tocar el culo a esta chica mi novio, a ver, de qué? - incluso la frase le parece fuera del guion, pero es lo que oye. Del cielo de su espalda, y también de la nada, aparece un ángel de pelo rojo, que se interpone entre los tres viajeros.
Pues a ver si le controlas, tía - dice el chico de su lado.
Te contaría cómo nos controlamos los dos, pero sería demasiado para ti a estas horas - esta es la típica frase que, o agrava la situación del todo, o la resuelve, piensa él.
Milagrosamente, la chica cuyos dedos lleva grabados en la mejilla, y el chico de su lado se giran para volver a pisar tierra firme y continúan caminando entre avergonzados, decepcionados, quizá tan sorprendidos como él.
Separa los labios para agradecer al ángel su ayuda, pero éste le grita mientras sonríe y corre para entrar en el vagón que le espera en el andén: “¡Vida extra! ¡Aprovéchala!“