El final de una historia
mdelgado 27 Febrero, 2007
“Aquellos en los que confiamos están condenados a defraudarnos”.

Hoy el post es obligado. El ciclista alemán Jan Ullrich anunció ayer su retirada del ciclismo profesional. Acosado por las acusaciones de dopaje, por los 33 años cumplidos, y supongo que por otras cosas que desconocemos, ha decicido tirar la toalla definitivamente y pasar a ser manager de un equipo ciclista. Su sueño de conseguir un segundo Tour de Francia y retirarse en paz no ha podido cumplirse. En su caso, en 2007 se cumplían nada menos que diez años desde aquella primera y única victoria en 1997.
No sabría decir de dónde me viene mi afición por este ciclista. Puede que todo comenzara en 1996, cuando se atrevió a poner en entredicho la superioridad del más grande, Miguel Induráin (por más que Lance Armstrong consiguiera dos Tours de Francia más que él). Recuerdo a un ciclista lleno de vendajes en brazos y piernas, siempre tirando del grupo de favoritos…¿pero éste quien es? un chaval con tan sólo 22 años, retando a los grandes. Finalmente acabaría segundo, detrás de un compañero de equipo, con rumores de haber sido “frenado” por sus directores, para que no terminara batiendo a su jefe de filas.
1997 fue su gran año. Todos los periódicos se cansaron de contar su historia hasta la saciedad…su difícil infancia, sus esfuerzos hasta la extenuación con los entrenadores de la antigua RDA (República Democrática de Alemania). Sin embargo creo que para mí todo comenzó con su desastre de 1998, perdiendo el Tour en una sola jornada lluviosa, ante Marco Pantani, penando por las cuestas del pico del Galibier. La imagen de todo un equipo arropando a su líder, llegando a meta empapados de agua y barro, y por primera vez fracasados. Probablemente todo empezó ese día.
Después vendrían muchas decepciones, innumerables segundos puestos en el Tour, problemas acuciantes de preparación. También algunas alegrías, como aquella de 1999, ganando la Vuelta a España, y pudiendo saludarle en la Plaza Mayor de Madrid. Contrariamente a lo que la gente piensa de él, detrás de lo que parecía frialdad, simplemente se escondía más bien cierta timidez.
Rescato del olvido algún momento que merece la pena recordar. Jan Ullrich siempre fue definido por sus rivales como un caballero en la carretera.

Si no me equivoco, se trata del Tour de Francia de 2001, donde Ullrich daba por perdida la batalla ante Lance Armstrong, agradeciéndole haber hecho camino juntos, y que éste no le hubiera “machacado” por enésima vez. Tal vez uno de los pocos gestos de este tipo del americano, superviviente de cáncer, y vencedor de 7 Tours.
Ahora podéis saber que mi debilidad por la marca Adidas tiene una historia detrás. Adidas, la misma que le retiró su apoyo cuando Ullrich fue sancionado por tomar “alguna pastilla” en una fiesta nocturna.
Esta historia pues, termina. Me quedo sin embargo, con una imagen donde Ullrich parece viajar, fuera del espacio y del tiempo, y hacia algún lugar no muy definido. Siempre al límite, cortando el viento en su mejor especialidad.
Buen viaje, amigo. ¡Grande siempre, Jan!

Lo mío no es el ciclismo pero eso ya lo sabes. Eso no quita para que, como hija de un buen aficionado a ese deporte (al igual que la pelota, el fútbol, el ténis, el atletismo, el baloncesto, la natación y creo que aun así, me dejo alguno, vamos que mi padre, menos a las drogas, le da a todo jeje) me haya tragado unas cuantas etapas, desde la de obligada visión (la subida a las lagunas de Neila) hasta otras por ahí sueltas.
Así que, desde esta mi ciclística incultura, no puedo juzgar a tu amado Jan. Tampoco pensaba hacerlo. Es uno de tus ídolos. Le has cogido cariño. (¿Por qué nos solemos encariñar con los “perdedores”?) Y él te ha hecho compañía en tu oficina, en tu casa,… ahí desde su privilegiado sitio en el póster. Yo admiro a un viejillo de 80 y pico años que hacía pelis de terror. No soy quién para criticar jeje.
Un beso melón
Es una pena…. lo siento por ti, por cierto, foto muy sugerente la primera, parece como no se… da igual… De alguna manera, es como mi idolo, Jim Morrison, se finalizo la funcion de una manera poco digna, siendo amado por unos y odiado por otros,… es lo que tiene ser bueno en lo que haces.
De alguna manera, se recuerda todo lo bueno que hizo, y sobretodo, se echa en falta todo lo mejor que pudo haber sido. En fin, dejo de hablar de tu idolo como si estubiera muerto, es el mio el que lo esta.
Un abrazo
Ya se sabe que no es bueno dejarse las cosas sin decir, Helena. Esos puntos suspensivos, jeje. Si crees que está bueno, pues lo estará
Tu idolo vivió deprisa, murió joven, y todas esas cosas que se dicen, y para colmo murió antes de que nacieras tú (creo). No tengo ningún poster, Lara. Todo lo más, alguna fotillo en b/n para que no se decolore, como les pasa a los anuncios de promoción de las tiendas de ultramarinos con ’solera’.
Saludoss.
El periodismo se refiere así a la carrera de Ullrich: se habla más de los puntos oscuros de su trayectoria que de los grandes momentos que ha dado a este denostado deporte que es el ciclismo. Pero tampoco espero otra cosa, ni me hace falta.
En cambio, las leyendas del ciclismo le alaban, como Eddy Merckx (”se ha perdido un gran nombre”) o Miguel Induráin (”es una pena”, “una trayectoria impecable”, “uno de los pocos de mi época”, “creo que físicamente quizá era superior a Armstrong, pero Lance tenía una mentalidad más competitiva”). ‘Miguelón’ nunca ha ocultado su admiración por el genial corredor alemán, es alguien que sabe de esto y sabe quién es Ullrich. El propio Armstrong se descubrió ante el fenómeno de Rostock catalogándolo como su “más temible rival”, reconociendo que fue su mayor motivación en carrera para conseguir sus Tours.
En lo que a mí respecta, lo primero que puedo decir es lo imposible que me resulta describir lo que este monstruo del ciclismo me ha transmitido a lo largo de todos estos años (desde 1996, la primera vez que lo vi, cuando me impactó tremendamente). Esos sentimientos son los que realmente importan y los que se quedan grabados a fuego en mi memoria y, aunque suene cursi, en mi corazón. No he logrado aún asumir que ya nunca volveré a ver su majestuosa silueta sobre una bici destacando inconfundible entre el pelotón, y no me vale lo de ‘ya vendrán otros’: para mí, no volverá a haber otro como él.
Apodado ‘Der Kaiser’, Jan Ullrich es probablemente la mayor fuerza de la naturaleza que ha gozado la historia del ciclismo, un desencadenado talento precoz forjado a base de entrenamientos inhumanos desde la niñez que se comió el mundo por momentos. Jamás vi a un ciclista mover esos desarrollos brutales con tal agilidad de pedaleo y sin aparente dificultad -cuando estaba en forma. Era algo tremendo, insultante, maravilloso. Un auténtico fenómeno capaz de superar dos gravísimas lesiones en la rodilla derecha en 1999 y 2002 que le pusieron contra las cuerdas. Particularmente complicada fue la de 1999, que le apartó del Tour y a punto estuvo de retirarle (su hermano Stephan, que también fue ciclista, debió retirarse por una lesión idéntica). Pero, afortunadamente, volvió a tiempo para ganar la Vuelta de ese mismo año. Como dato que refleja su formidable potencial, a este portento le bastaba con forzar la máquina el último mes o mes y medio antes del Tour para tomar la salida, soltar una carrera excepcional y rozar la victoria, mientras los demás aspirantes, que entrenaban duro todo el año, no podían sino ver su dorsal en la lejanía. Todo un prodigio.
Su sublime elegancia sobre la bicicleta -las manos sujetas a la maneta del freno, los brazos hacia fuera doblados casi en un ángulo recto y sus poderosas piernas estirándose y doblándose, descubriendo una masa muscular inigualable- le otorgaba una sensación de fortaleza e indestructibilidad que no he visto en ningún otro ciclista. Corredor completísimo, daba la sensación de ir en trono subiendo los puertos; como se dice popularmente, y en más de una ocasión escuché en boca de voces autorizadas, ‘tenía una clase que se la pisaba’. Y es que el ‘kaiser’ alemán ha ganado todo tipo de carreras: de 1 día, de 5 días, de 1 semana, de 2 semanas, de 3 semanas, al esprint, en contrarreloj (largas o cortas), en montaña… Un todoterreno sin límites.
En las contrarrelojes, era poseedor de una posición aerodinámica innata (a él nunca le hizo falta acudir al famoso túnel del viento) que, unida a su grandiosa potencia, le llevaba a destrozar a sus rivales, siempre que estuviera en plena forma. Era un maestro total de la especialidad y, si no estaba en condiciones, o ganaba sin alardes o se quedaba cerca. Por si a alguien se le ha escapado el dato, fue el único ciclista que derrotó a Miguel Induráin en una contrarreloj del Tour de Francia desde que éste ganó su primera ‘Grande Boucle’. Fue en la crono final del Tour ‘96, metiéndole un minuto al campeón navarro. Contaba 22 años y terminó segundo en aquel Tour, el de su debut. Al año siguiente, con 23, lo ganó y demostró que era capaz de vencer tanto en las contrarrelojes (algo que ya se sabía) como en la montaña, dando exhibiciones como la de Arcalís (Andorra, Pirineos), donde dejó ‘tirados’ a dos escaladores de tronío como Richard Virenque y Marco Pantani, obteniendo una diferencia final de casi diez minutos respecto al segundo clasificado, el mismo Virenque (algo prácticamente impensable en el ciclismo moderno, en el que todo está mucho más controlado). A esas edades, Armstrong era doblado en las cronos y su fisonomía de triatleta apenas le permitía arrastrarse en cuanto la carretera se empinaba.
Un solo día de infamia -la increíble pájara que sufrió camino de Les Deux Alpes en la edición de 1998 y de la que se aprovechó el ‘Pirata’ Pantani- arruinó el que hubiera sido su segundo Tour consecutivo (finalizó segundo) y, quién sabe, tal vez las que habrían sido las primeras rampas de su ascensión meteórica al olimpo ciclista.
Esos ‘hubiera sido’ y ‘habría sido’ son una constante en el análisis de su carrera, como ocurre con tantos otros genios que no nos ofrecieron todo el potencial que guardaban en su interior. En algunas ocasiones, incluso, no le dejaron. Por ejemplo, se presentó en la salida del pasado Tour 2006 en uno de los mejores momentos de forma de toda su carrera, era consciente de la importancia del momento y de que no podía desaprovechar esa oportunidad (para Jan, todo lo que no fuera ganar el Tour era sinónimo de derrota, es lo que tienen los grandes). Fue vilmente expulsado el día antes del comienzo de la ronda gala, sin más pruebas que los chismorreos que circulaban por las agencias de noticias y el entorno de la carrera. En esa edición podría haber conseguido su octavo podio del Tour, y en la de este año, comparando su clase y condiciones con las del resto de favoritos, el noveno. Ello habría supuesto el récord histórico de la prueba, superando los ocho que ostenta el legendario Raymond Poulidor (con quien se le comparó en incontables ocasiones debido a la ‘fijación’ de ambos con el segundo escalón del podio de París; Poulidor en tres ocasiones, Ullrich en cinco). No le dejaron.
Por otro lado, no ha sido el primer corredor del que se conozca una vida desordenada ni será el último, pero quizá sí haya sido el primer ciclista que ha tenido una vida desordenada, ha descuidado los entrenamientos y… ha sido un verdadero campeón. Ahí reside parte de su grandeza, en esa desgarradora humanidad que tanto se agradece cuando es apreciada en un genio.
Esa humanidad que muchos advierten en la falta de entrenamiento, su sobrepeso de todos los inviernos (míticas apariciones mostrando una panza prominente y pasadísimo de kilos en carreras que afrontaba como rodaje de cara al Tour, su gran objetivo), su gusto por la buena vida y las juergas nocturnas y los errores tácticos en momentos claves, se refleja también en su trato cercano con el público, su enorme carisma, su vasta legión de seguidores y, por supuesto, su nobleza y caballerosidad tanto dentro como fuera de la carretera (por ejemplo, cuando esperó a Armstrong después de que el estadounidense sufriese una caída el día que ambos se jugaban el Tour de 2003).
No quisiera entrar a mencionar los fríos números de la estadística (palmarés, puestos…), pues no es ése el propósito de este escrito y esa información está al alcance de cualquiera; pero sí me gustaría formular una pregunta: ¿qué no habría logrado con una dedicación absoluta a su deporte? Como cantaba Bob Dylan, “the answer, my friend, is blowing in the wind…”.
Escribo ‘dedicación’ porque, a mi entender, la pasión, al menos en competición, sí que la transmitía. En sus 12 años de carrera profesional al máximo nivel (los que han logrado mantenerse a ese nivel durante tantísimo tiempo se pueden contar con los dedos de una mano), batiéndose con -y batiendo a- numerosas generaciones de ciclistas que iban desapareciendo mientras él se mantenía en la élite, teniendo que resurgir de sus cenizas en ocasiones (1999 y 2002). En sus ataques a más de 50 kilómetros de meta. En su admirable empeño por intentar destronar a Armstrong un día sí y otro también, mientras el resto de candidatos (estos sí apasionados del ciclismo con entrenamientos programados al milímetro) se dedicaba a mirar cómo arrancaba e intentaban ‘chupar’ rueda. ¿Quién hará eso ahora? Ya me imagino finales al esprint entre un grupo de 15 ‘elegidos’ en las etapas de montaña. En un ciclismo prácticamente huérfano de talento como el que nos queda tras la retirada del teutón, el panorama es desolador.
Jan sí que era un verdadero elegido, un ídolo. En su Alemania natal fue venerado hasta el extremo y celebrado como ‘Deportista Alemán del Siglo’. No en vano, es el único ciclista alemán que ha ganado el Tour.
Su carrera como profesional comenzó en 1994 a los 20 años (con 19 fue campeón del mundo amateur), y, debido a éxitos tan precoces como ése, desde tan joven se le exigía no sólo que ganase unas cuantas veces todas las carreras habidas y por haber, sino que también le obligaban a ser un personaje popular que apareciese continuamente en primera plana. Se analizaba con lupa todo lo que hacía, tenía que ser un robot infalible para todas las tareas que debía cumplir: ruedas de prensa, apariciones en televisión, compromisos publicitarios con marcas comerciales de prestigio internacional… y, por si fuera poco, entrenamientos y competición. Había que ganar. O, más bien, arrasar.
Toda esa terrible presión de los medios sobre las fornidas espaldas de un joven tímido e introvertido sin ninguna ambición mediática acabó por desbordarle y es responsable directa de su particular ‘pudo ser y no fue’. Como también lo es de su retirada, pues los mismos que le elevaron a los altares y se aprovecharon de sus triunfos para llenar las arcas con subvenciones, fueron los que le acabaron hundiendo -primero- y escupiendo en su pozo, después.
Merecedora de otro discurso sería la cuestión de por qué la práctica totalidad de los ciclistas implicados en la ‘Operación Puerto’ recibieron el apoyo incondicional de sus federaciones y obtuvieron fácilmente las licencias oportunas para seguir compitiendo y por qué a Jan Ullrich, víctima de un complot vergonzoso, se le ha perseguido ferozmente cual criminal desde las federaciones alemana y suiza sin concederle eso que… ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí!, la presunción de inocencia, pues, a día de hoy, siguen sin haber más pruebas que los rumores y difamaciones contra su persona. Querían que se marchase y lo han conseguido a base de cubrir su imagen con todo el estiércol que han podido y mucho más, es el único que ha pagado por el escándalo. Le han hastiado del ciclismo.
La tristeza y la rabia me invadieron al conocer la pésima noticia de la retirada de este gigante del deporte, porque no tenéis idea de lo muchísimo que le debe el ciclismo a Jan Ullrich, tantos días de gloria, unas veces acompañados de la victoria, otras casi.
Especialmente me ha dolido la manera tan miserable en la que le han obligado a retirarse.
Una manera que no mereció jamás.
Esto último va para ti, Jan:
ojalá que el tiempo haga justicia y se te recuerde como el gran campeón que eres, porque eso es lo que mereces. Ten la conciencia tranquila y la cabeza bien alta porque tú, con la nobleza y el espíritu de lucha que siempre te han caracterizado, has ayudado sobremanera a engrandecer el deporte. La mejor de las suertes en tu nueva vida, ‘Ulle’.
Para el deportista que más he admirado, admiro y admiraré jamás.
Muchas gracias por tu comentario, Lucio. Creo que le has dado un aporte de mucha calidad a este post.
Estoy de acuerdo contigo en casi todas las cosas que dices.
Yo siempre llevaré la bici con las manos en la maneta del freno. Y si hay que ponerse de pie en la bici, las manos siempre a la posición de sprint
Gracias de nuevo por tu aportación.
Jan Ulrich
Es y sera un gran ciclista, no podemos decir que no sea culpable frente a los casos de varios ciclistas implicados en el doping supongo que expuestos a rendir para poder permanecer en un equipo y ganarse la vida con uno de los juguetes mas hermosos como la bicicleta.
Cuando le vi en 1996 quedo esa imagen de gran deportista que luego se materializo aun mas en el tour 97 donde sus rivales no tuvieron que hacer y es que sus grandes gestos de caballerosidad frente al ciclismo y con sus rivales le hacen especial por el hecho de mostrar el deporte como deberia ser con esos grandes gestos de valores que uno pretende mostrar a los hijos con ese fair play que se vio en carreras y que son las imagenes que sirven como ejemplo para mostrarles a todos los nuevos deportistas que se deciden por este camino.
Entre otras coasa estos gestos de juego limpio y de valor son los que hacen admirarle y querer aun mas este deporte tan hermoso.
En cada tour era un gusto verle por los desarrollos que utilizaba para las grandes escalada junto con la facilidad con que parecia moverles es una lastima no poderle ver mas en las carreras y que el ciclismo se haya vuelto tan de unos pocos que pretenden manejarle. Esperemos volver a ver en el tour etapas tan hermosas con los grandes nuevos ciclistas y que esta battalla contra el doping de sus frutos en el futuro para seguir disfrutando de este juguete tan hermoso como la bicileta..